El acto fallido ¿un simple azar?

Resumen

El acto fallido es un tipo de lapsus ¿Qué es un lapsus? Un error, una equivocación, que el sujeto comete por falta de atención o de cuidado. El acto fallido es un error que se ejecuta en una acción u omisión de acción. Otros tipos de lapsus son los lapsus linguae, errores en el habla; los lapsus calami, errores en la escritura; los lapsus memoriae, fallos en la evocación de recuerdos u olvidos; igualmente, lo son las pérdidas. La teoría psiscoanalítica, a partir de Freud, concibe los actos fallidos, y los lapsus en general, como manifestaciones del inconsciente que se infiltran en la consciencia de manera aparentemente casual. La conflictiva inconsciente empuja por aparecer en la escena subjetiva y lo consigue a través del acto fallido. El contexto psicoterapéutico psicoanalítico es el más apropiado para el análisis de los lapsus porque permite la verificación del significado inconsciente con las asociaciones del paciente.

En la terminología psicoanalítica «acto fallido» es una acción que no es resultado de una voluntad consciente sino otro resultado que se impone al sujeto. Lo que es concebido como «acto fallido» no se debe a que la persona que lo comete no tenga capacidad de realizar la acción pretendida. Precisamente porque la persona es capaz de realizar la acción, el acto fallido es un lapsus. ¿Y qué se entiende por lapsus? Un error involuntario cometido por falta de atención, a menudo en situaciones de cierta ansiedad o estrés. ¿Pero eso es todo? ¿Es el acto fallido un simple azar? Usualmente, la persona que lo comete lo atribuye al azar, sí, o a la falta de atención.

¿Qué se entiende por acto fallido?

Los actos fallidos, como los lapsus en general, en psicoanálisis, son manifestaciones del inconsciente que revelan deseos reprimidos o conflictos internos no resueltos. Fue Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, quien empezó a hablar de ello, en 1901, en su obra «Psicopatología de la vida cotidiana». Freud los entiende, los actos fallidos, como formaciones de compromiso entre la intención consciente del sujeto y lo reprimido. Desde el punto de vista del inconsciente, el acto fallido es un acto exitosamente ejecutado. Podríamos decir que el inconsciente de la persona que lo comete se le ha impuesto sin su consciente participación. Desde esta perspectiva, el acto fallido no es un simple azar.

Freud, sin embargo, agrupa bajo el mismo concepto -Fehlleistung, en alemán- no sólo los errores en la acción, propios del acto fallido sino todo tipo de errores. Los lapsus linguae, los lapsus calami, los lapsus memoriae, los lapsus de lectura y audición y las pérdidas; son formas del propio funcionamiento inconsciente.

Tipos de lapsus.

Los lapsus son errores que comete el sujeto que los hace: habitualmente atribuidos a la carencia de atención o a la casualidad. El sujeto, conscientemente, no asume que el error cometido sea el que pretendía, desde su conciencia. Por eso los lapsus son entendidos como «errores». Errores que dependen del funcionamiento de la mente. La voluntad consciente de la persona no los pretende. Por eso, porque se debe a la puesta en acción del funcionamiento de la mente, el individuo puede decir que son errores. O puede querer creer que son errores.

Lapsus linguae.

Son errores en el habla que revelan un contenido psíquico latente. Se cometen cuando la persona está hablando de lo que sea y utiliza expresiones o palabras que, conscientemente, no quisiera haber utilizado. Aparentemente, la casualidad, la falta de atención es la responsable de los lapsus. O la similitud fonética. Pero un análisis atento del lapsus puede revelar los motivos inconscientes que han provocado que el error, el lapsus, se manifestara. Esto es lo que el psicoanálisis considera el tránsito de un contenido latente a un contenido manifiesto, precisamente gracias al lapsus linguae.

Existen infinidades de ejemplos de lapsus linguae en nuestras vidas cotidianas. Es cualquier situación en la que la persona quiere decir una cosa, conscientemente, pero acaba diciendo otra. Por ejemplo, cuando una persona nombra a otra, no por su nombre, sino por el nombre de otra persona. Aparentemente es muy poca cosa, pero según sea el cambio de nombre puede ser muy revelador. O cuando revela un interés por una actividad cuando lo que quería decir era justamente lo contrario; y viceversa. Desde la perspectiva psicoanalítica se considera que el lapsus linguae proviene de la configuración del inconsciente personal que se cuela en la conciencia.

Lapsus calami.

Son errores en la escritura que pueden desvelar asociaciones inconscientes. De nuevo, se tenderá a creer que es un simple error de atención o debido a la actual automatización de la escritura. Pero para considerarlo un lapsus calami debe verse en relación con el inconsciente personal. A veces constatamos cómo escribimos justo lo contrario de lo que quisiéramos decir, por tanto, sin nuestra participación voluntaria. La magnitud del error determinará la consideración de lapsus calami en estrecha relación con los contenidos del inconsciente del sujeto. Imaginemos un lapsus calami que se escribe afirmando «deseo que no vengas» cuando se quiere decir «deseo que vengas».

Lapsus memoriae.

Los lapsus memoria son olvidos o confusiones que pueden ir referidos a detalles pequeños o grandes. A palabras que no podemos evocar. A eventos que no podemos recuperar por la vía del recuerdo. Si consta la afectación orgánica, por enfermedad cognitiva, de la persona que los padece, obviamente, no pueden considerarse lapsus memoriae. Para considerarlos es necesario que la persona pueda tener acceso a la recuperación de la información en condiciones normales. Evidentemente se tenderá a querer explicarlos por la vía del exceso de la información, de la falta de atención o, incluso, del estrés. Lo que les constituye como lapsus es que están estrechamente vinculados a mecanismos de defensa de la persona que los realiza.

Signo interrogativo y signo admirativo y un hombre apretando los ojos y llevándose la mano a la cabeza.

Lapsus de lectura.

Son errores en la interpretación del contenido leído de un texto que puede llevar a la tergiversación del significado literal. Todo lector los comete. La lectura textual es malinterpretada y se le hace decir al autor del texto algo que él no ha dicho, no ha escrito. En estos casos, en estos errores de comprensión, se impone lo que el lector quiere -inconscientemente- que diga el texto. ¿Por falta de atención, siempre y exclusivamente? ¿O porque hay algo en el mundo interno del lector que le presiona para entender lo que ha entendido?

Pérdidas.

Las pérdidas también pueden ser cometidas por falta de cuidado, por descuido. Se puede estar tentado -y mucho- de considerar una pérdida como una simple falta de atención. La observación psicoanalítica del comportamiento humano aporta un plus de comprensión acorde con la hipótesis del funcionamiento inconsciente de la mente humana. Una simple pérdida puede ser interpretada, desde el psicoanálisis, como una comunicación del inconsciente. La pérdida de un objeto, dejarlo, por descuido, en un lugar donde se ha estado previamente, puede revelar, por ejemplo, el deseo de volver.

¿Cómo funciona la mente humana?

La mente humana está configurada por los contenidos que pueblan nuestra interioridad psíquica y que a menudo se traducen en diversas manifestaciones. Nuestros pensamientos, sentimientos, emociones, sueños, sensaciones, percepciones, recuerdos, impulsos, conductas, etc. De los contenidos mentales podemos ser conscientes. Podemos ser conocedores de lo que pensamos, sentimos, soñamos, recordamos, percibimos, actuamos, etc. En muchas ocasiones podemos ser conscientes de lo que voluntariamente hacemos, recordamos, percibimos. Y esto es así porque la mente humana tiene la posibilidad de la conciencia. Determinadas estructuras y funcionalismos cerebrales lo permiten. Sin embargo, hay mucha parte de la realidad mental que ocurre sin que seamos conscientes de ella. Esta parte no consciente es la llamada inconsciente. La parte que da razón de lo que ocurre en la intimidad mental de una persona sin su participación consciente.

La persona humana está habitada por una realidad mental compleja que supera con creces su conciencia y su voluntad -consciente. Los determinantes de la complejidad mental humana son en parte conscientes e inconscientes. El psicoanálisis ha afinado la percepción de los aspectos inconscientes de la mente humana para ampliar la comprensión de la subjetividad. Los actos fallidos y los lapsus en general son, pueden ser, una manera de ampliar la comprensión del comportamiento humano. El acto fallido no es un simple azar.

El acto fallido puede ser visto, pues, como una traición del inconsciente, que hace que el sujeto diga o haga lo que no quería. Lo que no quería decir o hacer conscientemente pero que se ha puesto de manifiesto revelándose algo escondido, el deseo o la intención inconsciente. Ciertamente que el sujeto siempre puede defenderse tratando de disculparse argumentando que no era lo que quería hacer, conscientemente. La perspectiva psicoanalítica entiende que, sin embargo, alguna verdad de la intimidad mental subjetiva se ha revelado.

El acto fallido en el contexto psicoterapéutico.

El contexto terapéutico es el contexto de posibilidad de comprensión del significado inconsciente del acto fallido por excelencia. ¿Por qué? Porque es el contexto que permite la posibilidad de verificar la significación inconsciente de los lapsus con material suplementario, por ejemplo, las asociaciones del paciente. La sesión psicoterapéutica psicoanalítica permite analizar el sentido del lapsus teniendo en consideración el contexto de su aparición. ¿Qué significaba para el paciente? ¿El acto fallido da credibilidad, en ese contexto, a creer que es un simple azar o revela información muy relevante de cómo se está sintiendo la persona?

Fuera del encuadre de una psicoterapia psicoanalítica es siempre más arriesgado la interpretación del acto fallido como revelación del inconsciente. El riesgo de acertar o no la comprensión del significado inconsciente del lapsus, fuera de contexto terapéutico, es más incierto. El contexto no terapéutico no aporta la seguridad de la confirmación adicional. La observación de la «psicopatología en la vida cotidiana» -el acto fallido- corre el riesgo de convertirse en un imprudente «psicoanálisis salvaje». En expresión del propio Freud en 1910, en otra obra suya, “Psicoanálisis silvestre”.

Con todo, el acto fallido, puede sugerir posibles hipótesis, poco o muy verosímiles, a una mentalidad observadora y atenta. Pensemos el caso del último día en un lugar de trabajo valorado del que un trabajador se tiene que ir por razones externas a él. Porque no se le renueve el contrato de trabajo; no por causa de una decisión voluntaria. Al marcharse, el trabajador se descuida el abrigo en el lugar de trabajo; aparentemente es un simple descuido. Pero para un observador atento puede desvelar el deseo de querer seguir trabajando. Una parte del trabajador querría quedarse; el abrigo la delata.

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