¿Qué se puede hacer con el sufrimiento mental?

El sufrimiento mental remite a un dolor que se produce en el registro de la mente de la persona; no en su cuerpo, o no sólo en su cuerpo, sino que es un malestar del que la persona tiene noción, en su consciencia ¿Y qué hacer con ese sufrimiento mental?

Si a la persona le duele alguna parte de su cuerpo este dolor físico no se puede considerar sufrimiento mental. El dolor del cuerpo puede abocar hacia un sufrimiento mental, secundariamente.

La etimología de la palabra “sufrir”, que es la raíz de “sufrimiento”, remite al vocablo latino “suferre”. Está compuesto del sufijo “su“ (debajo) y de la raíz “ferre” (llevar, tolerar, soportar, aguantar). Una posible traducción sería “llevar debajo”, “soportar debajo”, etc. El caso del sufrimiento mental nos daría la idea de una suerte de carga que la persona lleva consigo.

Los profesionales de la salud mental, como somos los psicólogos clínicos, tratamos diariamente con el sufrimiento de nuestros pacientes. Es el sufrimiento mental que tienen que soportar, o aguantar, el que les mueve a una consulta. En algunas personas el sufrimiento físico les lleva al sufrimiento mental; en otras, no hay sufrimiento físico, sólo hay sufrimiento mental.

Manifestaciones del sufrimiento mental.

Existe una multiplicidad de manifestaciones del sufrimiento mental. Hay una variedad de motivos que generan el sufrimiento en la mente: preocupaciones, angustias, tristezas, rencores, críticas, juicios, sentimientos de culpa, impotencia, rabia, venganza, sentimientos de fracaso, resentimientos, odios, temores, rebeldías, perfeccionismos, etc. La lista podría hacerse interminable. Estos sentimientos, muy mayoritariamente, tienen que ver con las expectativas truncadas de la persona, o respecto del comportamiento de otros o respecto de sí misma.

Rostre desesperat

En muchas personas estas manifestaciones del sufrimiento mental tienen que ver con ciertos patrones de su pensamiento, de sus actitudes o de su comportamiento. A su vez, estos patrones pueden tener que ver con condicionamientos internos, a modo de cierta programación interna, que les impele en una dirección que es garantía de insatisfacción.

La propia historia biográfica modula unas ciertas maneras de reaccionar, de tener emociones y de formas de pensamiento que, en última instancia, pueden ser la causa de una agrupación de alteraciones que pueden llegar a configurar, incluso, distintos trastornos mentales (ansiedad, fobia, depresión, esquizofrenia, etc..). Es decir, los trastornos mentales son depósitos -por así decirlo- de sufrimientos mentales.

Biología cerebral del sufrimiento mental.

La neurociencia aporta datos concluyentes sobre la traducción cerebral del sufrimiento mental. Toda actividad mental tiene soporte cerebral. Sin cerebro, no es posible la vida mental. El cerebro humano tiene distintas áreas; cada área se especializa en ciertas funciones mentales. Mientras el córtex cerebral sirve de sustento a la mente consciente, el cerebro interno lo es de las emociones. Sin embargo, ambas zonas cerebrales están en interacción, de manera que, el sufrimiento humano se registra en ambas zonas cerebrales. La externa y la interna.

Se sabe que los traumas que la persona ha ido acumulando a lo largo de su vida comprometen las estructuras del cerebro medio, el sistema límbico, así como las estructuras del tallo cerebral. Se registran en las conexiones neuronales de esas estructuras. Pero también en la corteza cerebral.

Las emociones que están en la base del sufrimiento mental, como miedo, ira, insatisfacción, etc. reflejan la interacción entre centros cerebrales superiores y regiones subcorticales como el hipotálamo y el núcleo amigdalino. Hay que decir que son las mismas que se ven comprometidas en las experiencias de placer.

Cerebro

Las emociones son la respuesta inconsciente a la evaluación del potencial dañino o beneficioso de una situación. Y esta evaluación es anterior a la evaluación consciente de la misma. En consecuencia, las emociones constriñen el margen de respuestas mentales posibles, en tanto que promueven respuestas adaptativas congruentes con ellas; por ejemplo, el miedo, mueve a la acción de huir. Por otro lado, la consciencia promueve más la capacidad de elección. Mientras las emociones constriñen, unas más que otras, la consciencia, libera, promueve espacios de elección de posibilidades más amplias.

¿Por qué existe el sufrimiento mental?

El sufrimiento mental se manifiesta si la persona que lo padece se enfrenta con una carga interna que puede tener múltiples manifestaciones pero quizás una sola raíz: la dificultad de aceptar el suceder de las cosas, internas o externas, tal como se presenta. Las personas que se enfrentan a situaciones externas a su interioridad que tienen que procesarlas, por ejemplo, una pérdida, un fracaso, un rechazo, una discusión, una decepción, etc. pueden sentir sufrimiento mental en tanto que no aceptan, sienten que no pueden aceptar, la realidad. Internamente, se rebelan contra la realidad de las cosas que les devuelve esas frustraciones; la no aceptación de la frustración de que se trate es el plus que adjudica la mente del que la padece y que es la garantía del sufrimiento.

Un ámbito proclive a la aparición del sufrimiento es el de las relaciones interpersonales; el verdadero nudo gordiano de buena parte de los conflictos de muchas personas que les abocan al  sufrimiento emocional. Creemos que no nos equivocamos cuando pensamos que el sufrimiento propio de las relaciones interpersonales está en relación con la consciencia que adquirimos de que los otros se distancian de lo que esperamos de ellos, o bien, de lo que esperamos de nosotros mismos.

¿Cómo modular el sufrimiento mental?

La psicoterapia se presenta como una alternativa que pretende ayudar a las personas que tienen sufrimientos mentales a intentar mitigarlos ¿Cómo? Cada técnica psicoterapéutica tiene su propia metodología práctica y su propia comprensión de la naturaleza humana, aunque sea de manera implícita, por la manera como ofrece soluciones a los problemas mentales. La comprensión de lo que provoca el sufrimiento nos parece el eje fundamental en que basar toda posibilidad de modificación del sufrimiento mental.

En la terapéutica psicoanalítica se entiende que la mente humana empuja a la persona, de acuerdo con las necesidades internas, en la dirección de encontrar unos niveles de satisfacción suficientes en sus apreciaciones de sus relaciones con otros, así como en la consecución de los objetivos personales, los que sean. Toda la historia personal se nutre de expectativas y de necesidades que buscan ser satisfechas. Si la persona no satisface mínimamente aquello que considere necesario para su bienestar, aparece el sufrimiento mental, de formas distintas, de intensidad distinta.

La comprensión psicoanalítica, propia de la psicoterapia analítica,  permite discernir qué aspectos están apoyando la configuración de una vida personal alrededor del sufrimiento. Se trata de desenmascarar las condiciones que provocan que la persona se encalle en unas maneras de entender lo que le sucede en su cotidiana existencia y, de manera particular, de entender lo que procede de ella misma; lo que ella misma aporta en la aparición y mantenimiento de su sufrimiento. Evidentemente, el sufrimiento mental es una respuesta humana que está configurada desde la interioridad de la persona y que tiene muchos matices y muchas raíces. Así, la modificación del sufrimiento mental va a suponer un proceso de desenmascaramiento así como un proceso de implantación de nuevas estrategias de interacción con la realidad, tanto internas como externas; tanto de dentro de la mente, como de la relación con la realidad, aparentemente externa a la mente.

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